Un periodismo menos relevante para una audiencia más polarizada

  • Sólo el 55% de los internautas españoles considera que el periodismo independiente es esencial para el correcto funcionamiento de la democracia.
  • El 48% de los encuestados prefiere informarse por fuentes imparciales y un 30% opta por hacerlo a través de medios afines a su ideología.
  • La mayoría de los usuarios españoles, partidarios de que Facebook, Google o Twitter bloqueen la propaganda de los políticos que sea falsa, frente al 22% que defiende que no les corresponde enjuiciar lo que es verdad o no.

Como se ha descrito, la pérdida de confianza del público y el auge de los bulos suponen un reto para las empresas de comunicación y los medios sociales, que ven cuestionado el rol que los periodistas están llamados a desempeñar en una sociedad. La encuesta de este año refleja un dato muy preocupante: apenas un 55% de los internautas españoles considera que el periodismo independiente es esencial para el correcto funcionamiento de la democracia. No es algo exclusivo de nuestro país. En general, en aquellos países donde los ciudadanos han perdido la confianza en sus medios, menor es el porcentaje que destaca el valor social del periodismo: Francia (49%), Japón (47%) o Bélgica (54%). En el otro extremo encontramos aquellos países en los que la independencia periodística es percibida por la mayoría de sus ciudadanos como algo esencial para la democracia –Turquía (87%), Grecia (83%) o Alemania (79%), entre otros–.

A mayor polarización, menor búsqueda de la imparcialidad

¿Se ha polarizado el consumo de medios? Para responder a esta cuestión, la encuesta de 2020 ha recuperado una pregunta planteada en la edición de 2013 sobre si la gente prefiere leer y compartir información acorde con sus puntos de vista, o por el contrario, opta por medios más neutrales o incluso por aquellos que presentan una visión opuesta a la de los encuestados. Los datos globales del informe muestran que las fuentes imparciales son preferidas por la mitad de los usuarios, pero existen grandes diferencias por países –por ejemplo, Alemania (80%), Reino Unido (76%) o EE. UU. (60%) frente a Turquía (35%), México o Filipinas (28%)–.

En España, el 48% de los encuestados prefiere informarse por fuentes imparciales, un 30% opta por hacerlo a través de medios afines y el 10% declara seguir canales que ofrecen puntos de vista diferentes. En comparación con 2013, ha disminuido considerablemente (-10 puntos porcentuales) el porcentaje de usuarios que se informa habitualmente por medios imparciales, lo que podría ser un indicador de un consumo de medios más polarizado que hace siete años. De hecho, si analizamos el consumo de medios (imparcial o no) en función de la autoubicación política de los encuestados, se observa una gráfica en forma de «U» en la que aquellos que se sitúan en los extremos del espectro político (tanto en la izquierda como en la derecha) prefieren informarse por medios que comparten su punto de vista (por encima del 40%), frente aquellos que se ubican en posiciones políticas más moderadas (17%).

No es de extrañar que aquellos que se informan por medios afines declaren fiarse más de los medios que ellos consultan (48%) que de los medios en general (42%). Por el contrario, aquellos que optan por informarse por fuentes discrepantes a su personal punto de vista manifiestan un mayor escepticismo y crítica en torno a la información que reciben. Tampoco sorprende que los ciudadanos de centro estén más abiertos a la imparcialidad informativa e incluso a medios que discrepan con sus propias ideas que sus conciudadanos más polarizados, especialmente los que se sitúan a la derecha del arco ideológico.

Esa relación entre desconfianza y pérdida de relevancia social del periodismo también se deduce del tipo de canal favorito para estar informado y de la preferencia por elegir o no medios afines con el propio punto de vista. Así, aquellos que prefieren los medios tradicionales para estar informados (en formato analógico o digital) valoran más la labor social del periodismo independiente (60%) que los que lo hacen a través de medios sociales (45%). De la misma manera, el 62% de los que usan medios afines consideran que el periodismo es esencial en una democracia, frente al 53% de los que se informan por medios que ofrecen puntos de vista alternativos al propio. De alguna manera, la desconfianza en los medios refleja no sólo la insatisfacción del ciudadano más crítico, sino también una visión del periodismo como algo irrelevante para el buen funcionamiento del sistema político.

Esa complicada relación entre medios y políticos

Con el fin de profundizar más en la función social que los periodistas han de desempeñar en un sistema democrático como instrumentos de control y supervisión de los poderes políticos o económicos, la encuesta preguntaba este año sobre qué deberían hacer los medios si un político dijera algo que posiblemente es falso. ¿Deberían darle cobertura, aunque sea falsa? ¿Deberían obviar esa declaración y no publicarla para evitar darle una atención que no se merece? El 52% de los encuestados en los 40 países consideran que los medios deben destacar la afirmación del político, incluso aunque sea falsa, frente a un 29% que optaría por no darle ningún tipo de relevancia pública. Aunque en la mayoría de los países analizados ésta es la posición más extendida, en lugares como México o Argentina, más de un 40% elegiría no darle ninguna relevancia, llegando al extremo del 48% en Chile.

En el caso de España, los encuestados están más cerca de la media global, con un 53% que publicaría la afirmación del político de manera destacada porque es importante que la audiencia sepa lo que el político dice. Por el contrario, un 32% no le daría ninguna relevancia y evitaría darle publicidad gratuita.

Como refleja el siguiente gráfico, existen diferencias significativas en función de la autoubicación política de los encuestados. Conforme el espectro político gira hacia la derecha, mayor es el porcentaje de usuarios que optaría por enfatizar la afirmación del político, aunque sea falsa. Así, la mitad de los que se declaran de extremo-izquierda o izquierda publicarían frente al 64% de los de derecha o extrema derecha.

La encuesta también preguntaba este año sobre qué rol y qué responsabilidad han de jugar los medios –televisión y redes sociales– en la difusión de mensajes políticos. Los datos reflejan que la mayoría de usuarios españoles tolera más el uso de la propaganda política a través de televisión que a través de Facebook, Twitter o Google. Como muestra el siguiente gráfico, al 37% le parece bien que se anuncien en ambos canales, un 30% cree que no deberían publicitarse en ninguno de ellos, y un 16% considera que sí deberían emitir su propaganda política a través de televisión pero no en las redes sociales o Google.

Si agrupamos todas las opciones en dos posibles (a favor o en contra de aceptar anuncios políticos en televisión o redes sociales), vemos con más claridad que los internautas españoles aceptan de mejor grado la publicidad política en televisión que en redes sociales: el 44% cree que no deberían publicitarse políticos ni partidos en Facebook, Twitter o Google, frente a un 42% que sí lo autorizaría.

¿Deben Facebook o Twitter censurar los mensajes que consideren falsos?

La encuesta también preguntaba sobre qué responsabilidad han de desempeñar los medios sociales como Facebook, Google o Twitter en la difusión de contenidos presuntamente falsos. ¿Están legitimados para censurar los mensajes de los políticos cuando crean que estos no son ciertos? ¿O por el contrario deberían abstenerse porque no les corresponde decidir qué es falso o verdadero?

En la mayoría de países analizados (58%), los internautas son más partidarios de que los medios sociales bloqueen los anuncios políticos cuando estos no son ciertos, y asuman así su responsabilidad para asegurarse de que la información publicada en sus plataformas es verdadera. En frente, el 26% opina que las tecnológicas no deben inmiscuirse porque no les corresponde decidir lo que es verdadero o falso. De nuevo, la respuesta a esta cuestión no es unánime. En un extremo nos encontramos aquellos países más partidarios de la no-injerencia por parte de las tecnológicas –Japón (38%), Turquía (42%), Suecia (46%) o EE. UU. (48%)–, frente a aquellos más partidarios del bloque o censura –Chile (73%), Argentina (68%) o Portugal (67%)–.

En el caso de España, en esta ocasión se acerca más a la postura más intervencionista y el 65% de los internautas considera que Facebook, Google o Twitter deberían bloquear los anuncios falsos de los políticos, frente a un 22% que defiende que no les corresponde enjuiciar lo que es verdad o no. Resulta curioso y merece una investigación más profunda conocer esta aparente contradicción en los internautas: por un lado, prefieren que los medios de información divulguen una declaración, aunque ésta sea falsa, y a la vez son partidarios de que los medios sociales tomen partido sobre lo que es verdadero o falso y bloqueen o censuren contenidos políticos.

De nuevo, nótese la diferencia entre los extremos del arco político: mientras que los declarados de extrema-izquierda o izquierda son menos partidarios de que las tecnológicas se inhiban y permitan cualquier mensaje político (12% y 18%, respectivamente), el 30% de aquellos ubicados en posiciones de extrema derecha o derecha ven con buenos ojos que Facebook, Twitter o Google no se inmiscuyan.